🥽 La epistemic anxiety o es necesidad de saber más.
No sé nada, y lo peor es que quiero saberlo todo
Carta XXIX
Uno de mis placeres secretos (aunque ya no tan secreto) es perderme en Wikipedia. Culpa de Jessi, que un agosto y sin muchas ganas de trabajar me enseñó el arte del infinite click. Empiezas con algo inocente, tipo “historia de los gatos domésticos” y terminas leyendo sobre Kant. O sobre necropolítica. O sobre ambas.
Y en una de esas excursiones digitales, caí en una newsletter con una primera frase que me atrapó: “Todas las búsquedas llevan a la filosofía” (LOL, pero también sí) y la otra cosa que aprendí es mi nueva enfermedad: la epistemic anxiety o la ansiedad de saber más.
La epistemic anxiety es básicamente esa sensación incómoda que tienes cuando sientes que no sabes lo suficiente y necesitas saber más. El miedo a las lagunas. Y luego añadía un poco de esperanza al tema, porque tratado de manera correcta podría ser una manera de vivir una vida intelectualmente más rica.
La cosa no es tan terrible: si se maneja bien, la epistemic anxiety puede ser gasolina para una vida intelectual rica. Algunas claves son evidentes (leer variado, escribir sobre lo que lees, discutirlo con otros, ser curiosa), pero la joya de la corona es la consistencia. No leer 100 artículos en un día, sino volver mañana. Y pasado.
Claro, vivimos en la era del infinite scroll. Contenido sin fin, como buffet libre pero de ideas. Y yo me pregunto: ¿esto nos está haciendo más listos o nos está pudriendo el cerebro? SPOILER: La segunda.
Porque el brain-rot es real. Es ese atontamiento que viene después de maratones de info sin pausa. Nos cuesta concentrarnos, queremos gratificación instantánea. (Hola dopamina, adiós pensamiento crítico.)
El brain-rot es lo que pasa cuando despues de consumir contenido sin parar, estamos dejando que nuestro cerebro se atrofie, como si se pudriera por tanta sobre estimulación. Eso hace que la concentración cueste cada vez más, porque buscamos la gratificación instantanea. Turbogelatina en su newsletter del sábado pasado.
Y ahí estoy: entre la curiosidad honesta y el colapso digital.
Mi ansiedad epistémica pide libros, ideas, profundidad. Pero mi cerebro dopaminizado solo quiere otro reel.
Se me ha caído un poco de brain-rot dentro de mi epistemic anxiety.
No sé si eso se cura. Pero al menos ahora sé que tiene nombre.

Y esto me inspira:
🐒 Sobre el brain-rot empieza ha haber mucho escrito y relevante, así que te dejo con este artículo de The Guardian o este del El País. Hay mil más, pero bueno dos que he consultado recientemente para escribir eso.
🐸 Por aquí una alegría: una de mis pequeñas curas contra la epistemic anxiety viene en forma de joyas de internet que descubro con Ainhoa Marzol.
Tiene una newsletter que se llama Gárgola Digital —si no la seguís, hacedlo ya—.
Y mañana tengo el placer enorme de ser su invitada. 💌Y nada, aquí como resumen de todo:
Y nada, hasta aquí la carta de hoy. Espero que tengas un poco de consistencia en algo, no parece mucho pedir, pero en realidad si lo es. Nos vemos en 2 semanas, o eso intento. Si has leído hasta aquí, es una suerte para mí <3. Si te ha gustado, házmelo saber, me haría muy feliz (¡mucho!). Y si te apetece más, suscríbete.




Lo de fotografiar desiertos me ha recordado a las fotos de mares y océanos de Hiroshi Sugimoto.
Me ha chiflado!!! Que bueno lo de mañana 👏💓